Es una variable que aparece con frecuencia en las noticias económicas, en las redes sociales y en los medios especializados. Incluso sin saber exactamente cómo se calcula, probablemente ya asociemos una suba del Riesgo País con que algo no está funcionando del todo bien.

Pero ¿qué representa realmente ese número? ¿Qué factores hacen que suba o baje? ¿Y por qué es relevante no solo para el Estado, sino también para empresas, inversores y para la economía en general?
En este artículo de Balanz Academy repasamos estos conceptos para entender de manera sencilla qué hay detrás del Riesgo País.
Empecemos por entender qué mide
Cuando un Estado necesita obtener financiamiento, puede recurrir a la emisión de deuda, por ejemplo, mediante bonos. Quienes compran esos bonos están prestando dinero y, como cualquier inversor, necesitan evaluar qué posibilidades existen de recuperar ese capital.
Para analizar ese riesgo se consideran diferentes variables: la situación de las cuentas públicas, el nivel de endeudamiento, las reservas internacionales, la capacidad del país para generar dólares, la estabilidad económica y su historial de cumplimiento de las obligaciones de deuda.
Todos estos elementos contribuyen a responder una pregunta fundamental:
¿Qué rendimiento necesito obtener para prestarle dinero a este país?
Cuanto mayor sea el riesgo que perciben los inversores, mayor será el rendimiento que exigirán a cambio de prestar su dinero.
En el mercado de bonos, además, existe una relación inversa entre precio y rendimiento. Cuando los inversores buscan obtener un mayor rendimiento, están dispuestos a pagar un precio menor por el bono.
Por eso, si aumenta la percepción de riesgo sobre la capacidad de pago de un país, los inversores pueden vender sus bonos o exigir un precio menor para comprarlos. Al bajar el precio, aumenta su rendimiento.
Esta dinámica permite entender la lógica básica del Riesgo País:
mayor riesgo percibido → menor precio de los bonos → mayor rendimiento → mayor Riesgo País.
¿Cómo se calcula el Riesgo País?
Una de las referencias más conocidas para medir el riesgo soberano de los mercados emergentes es el EMBI (Índice de Bonos de Mercados Emergentes), elaborado por J.P. Morgan.
De forma simplificada, el Riesgo País refleja cuánto rendimiento adicional exigen los inversores para comprar deuda de un determinado país en comparación con una referencia considerada de bajo riesgo, como los bonos del Tesoro de Estados Unidos.
La tasa de los bonos del Tesoro estadounidense funciona así, como un punto de referencia. Si un país presenta un nivel de riesgo superior, deberá ofrecer un rendimiento mayor para compensar a los inversores por asumir ese riesgo adicional.
La diferencia entre ambos rendimientos se expresa en puntos básicos:
100 puntos básicos = 1 punto porcentual
Para verlo con un ejemplo, supongamos que un bono del Tesoro de Estados Unidos ofrece un rendimiento anual del 4%, mientras que una canasta comparable de bonos soberanos argentinos denominados en dólares rinde, en promedio, 14%.
La diferencia es de 10 puntos porcentuales, equivalentes a 1.000 puntos básicos de Riesgo País.
En definitiva, cuanto mayor sea el rendimiento que el mercado exige para prestarle dinero a Argentina en comparación con Estados Unidos, mayor será el riesgo que está percibiendo sobre la deuda argentina.
¿Qué hace que el Riesgo País suba o baje?
El Riesgo País no es un valor estático. Se modifica a medida que cambian las expectativas de los inversores respecto de la capacidad y la voluntad de un país para cumplir con sus compromisos de deuda.
Puede aumentar cuando aparecen señales que generan mayor incertidumbre o dudas sobre la situación económica y financiera. Entre ellas pueden encontrarse:
- Un deterioro de las cuentas públicas.
- Una reducción de las reservas.
- Dificultades para acceder al financiamiento.
- Cambios en las condiciones financieras internacionales.
- Un incremento de la incertidumbre política.
Por el contrario, una mejora en la percepción sobre la capacidad de pago del país puede contribuir a reducir el Riesgo País. Una mejora de las cuentas públicas, una menor inflación, una mayor acumulación de reservas, mejores condiciones de financiamiento o una reducción de la incertidumbre son algunos de los factores que pueden contribuir a esa mejora.
Por eso, el Riesgo País no refleja únicamente la situación actual. También incorpora las expectativas del mercado sobre lo que podría ocurrir en el futuro.
¿Tener un Riesgo País alto significa que un país está en crisis?
No necesariamente.
El Riesgo País es, principalmente, un indicador de cómo el mercado percibe el riesgo asociado a la deuda soberana de un país.
Por esa razón, puede experimentar cambios importantes en poco tiempo cuando se modifican las expectativas de los inversores. Anuncios económicos, elecciones, cambios en las políticas fiscal o monetaria, evolución de las reservas, condiciones internacionales y movimientos generales de los mercados financieros pueden influir sobre el indicador.
Además, un mismo nivel de Riesgo País no necesariamente implica que dos países estén atravesando la misma situación. Es posible que dos economías tengan valores similares del indicador, pero enfrenten problemas o contextos económicos muy diferentes.
Por eso, para interpretar correctamente el Riesgo País, es importante analizarlo junto con otras variables y no observarlo de manera aislada.
¿Por qué este indicador es tan relevante para Argentina?
La historia de Argentina también influye en la percepción actual del mercado.
Nuestro país tiene antecedentes de dificultades para cumplir con sus compromisos de deuda. Como consecuencia, una mejora de las variables macroeconómicas no necesariamente genera por sí sola un cambio inmediato en la percepción de los inversores.
La confianza requiere tiempo para construirse.
Por este motivo, el Riesgo País tiene un peso particularmente importante en el análisis de la economía argentina. Además, se convirtió en un indicador que excede el ámbito estrictamente financiero y que aparece habitualmente en las noticias económicas y en las conversaciones cotidianas.
¿Qué pasa si no tengo bonos soberanos?
Esta es una de las cuestiones más importantes para entender por qué el Riesgo País puede afectar a personas y empresas que nunca invirtieron en deuda argentina.
El indicador funciona como una referencia para el costo de financiamiento de diferentes actores de la economía, y no solamente para el Estado.
Cuando el Riesgo País es elevado, las empresas también pueden enfrentar mayores costos para financiarse en el mercado de capitales, por ejemplo, mediante la emisión de Obligaciones Negociables (ON).
La razón es que, además del riesgo específico de cada compañía, el inversor también considera el riesgo asociado al país donde esa empresa desarrolla sus actividades.
Por eso, cuando mejora la percepción sobre el riesgo soberano, también pueden mejorar las condiciones de financiamiento para las empresas y otros participantes de la economía.
El impacto puede extenderse todavía más. Un Riesgo País elevado suele relacionarse con una menor confianza de los inversores y puede contribuir a encarecer el crédito, desalentar determinadas inversiones y generar presión sobre el mercado cambiario y sobre las condiciones financieras en general.
Así, aunque nunca hayamos comprado un bono soberano, el Riesgo País puede terminar afectándonos indirectamente a través del crédito, las tasas de interés, el tipo de cambio y el clima general de inversión.
Una idea para recordar
La próxima vez que leas en las noticias que “subió el Riesgo País”, podés interpretarlo de esta manera: el mercado está exigiendo una mayor compensación para asumir el riesgo de prestarle dinero a ese país.
El Riesgo País no explica por sí solo todo lo que sucede en una economía. Es, fundamentalmente, una señal de cómo el mercado está valorando el riesgo asociado a la deuda soberana.
Comprender esta relación nos permite interpretar mejor las noticias económicas y conectar variables que pueden parecer lejanas, como el déficit fiscal, las reservas, la deuda o la confianza de los inversores, con sus efectos sobre los mercados y, directa o indirectamente, sobre nuestra economía cotidiana.